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martes, 11 de diciembre de 2012

Opinión: Incorporar al Padre a la Crianza de los Hijos y lo Doméstico

"La mayoría de los hombres sienten una fuerte necesidad y una gran nostalgia de lograr construir un vínculo cercano y amoroso con sus hijos".

Por Neva Milicic, psicóloga

La escasa socialización de los hombres para la participación en la esfera doméstica, empobrece la relación de ellos, no sólo con sus hijos y su pareja, sino consigo mismos.

En ocasiones, los hace sentirse ajenos a la corriente emocional de la familia, a pesar del enorme afecto que puedan experimentar por sus hijos.

A las madres, desde la biología, la relación con los hijos se les hace más fácil: el embarazo, la lactancia y la oxitocina juegan un rol fundamental en favorecer las conductas de apego entre ellas y su hijo o hija.

La mayoría de los hombres siente una fuerte necesidad y una gran nostalgia de lograr construir un vínculo cercano y amoroso con sus hijos, dado que muchos describen sentirse a veces extraños y como analfabetos emocionales en la relación con ellos.

La excepcional novela "No te muevas", de la escritora italiana Margaret Mazzantini, describe esta particular sensación de sentirse extraño, cuando Timoteo, el protagonista, se habla a sí mismo estableciendo un diálogo interno con su hija adolescente, que se debate entre la vida y la muerte, a raíz de un accidente en moto, de la siguiente manera: "Hace quince años que vivimos en la misma casa. Conoces mi olor, mis pasos, la manera que tengo de tocar las cosas y mi voz carente de desequilibrios, conoces las partes suaves de mi carácter y las hostiles, tan absolutamente irritables que resultan indefendibles. No sé qué idea te has hecho de mí, pero me la puedo imaginar. La idea de un padre responsable, no falto de su peculiar sentido del humor sardónico, pero demasiado apartado. Estás ligada a tu madre por un sentimiento firme, airado en ocasiones, pero vivo. Yo he sido un traje de hombre colgando al lado de vuestra relación. Más que mi persona, de mí han contado mis ausencias, mis libros, mi impermeable a la entrada. Es un relato que yo no conozco, lo habéis escrito con la pistas que os he ido dejando".

La presencia del padre y las expresiones de afecto dejan una profunda huella en la personalidad de los niños.

Es necesario que los padres busquen espacios para establecer vínculos de encuentro con los hijos y las hijas, ya que ello será de la mayor significación afectiva para los involucrados en la relación.

Por otra parte, las madres pueden promover y facilitar estos encuentros evitando monopolizar el espacio doméstico y afectivo -como a veces sucede, en forma no consciente- permitiendo que la relación padre-hijo(a) fluya de acuerdo al estilo de cada cual.

Lo contrario relata Doris acerca de los que sucedía en su casa: "Cada vez que nos estábamos riendo y haciendo desorden con mi papá, mi madre nos llamaba al orden. Se quejaba que hacíamos ruido, que nos reíamos muy fuerte. Ella nos hacía sentir culpable, con lo que la magia del momento se rompía y su presencia se interponía entre nosotros".

A los niños la presencia de un padre cercano y atento a sus necesidades les da seguridad, los ayuda a introyectar normas sociales y a percibir los límites al tiempo que les abre puertas hacia el mundo externo, y los fortalece en su capacidad de explorar y aprender.

Pero, por sobre todo, un padre presente y cariñoso construye un fuerte vínculo, que es un gran escudo protector.

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