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Reinauguración Campo en Batuco | Directorio de la Asociación

Reinauguración Campo Recreativo de la Asociación de Padres de Familia del Instituto de Huma nidades Luis Campino en Batuco | 14 de octub...

martes, 27 de enero de 2009

Inspirar Tranquilidad

Por Neva Milicic, sicóloga.

En una época en que los trastornos de ansiedad son un tema recurrente, saber que un 10% de la población sufre trastornos ansiosos en alguna etapa de su vida, hace necesario preguntarse por qué se está viviendo bajo niveles tan altos de ansiedad y cómo hacer para disminuirlos.

Con frecuencia, los niños y los adolescentes se sienten indefensos y de alguna manera incompetentes para defenderse de un mundo peligroso, competitivo y exigente. Esta sensación de incompetencia es a veces reforzada por la familia.

Muchas veces, sin quererlo, y con “fines erróneamente educativos” se siembra ansiedad en los niños. Las amenazas por ejemplo, son un poderoso factor que estresa a los niños. “Si continúas así, vas a repetir”, “Vas a ver cuando llegue tu papá”, “Por ese camino vas derecho al fracaso”. Estos y otros mensajes resultan verdaderamente aterrorizadores para los niños y los adolescentes. Muchas veces ellos incorporan estas amenazas en sus sueños y por lo tanto su dormir no es reparador, sino que intranquilo.

En este contexto, el estar en contacto con personas que inspiran tranquilidad y protección, es para el niño o la niña un bálsamo, que en un mundo inseguro les entrega tranquilidad.

Saber que cuentan con la presencia de padres amorosos que van a cuidar de ellos constituye un escudo protector frente a un mundo que es percibido muchas veces por ellos como un lugar peligroso.

Contribuyen a esta inseguridad las noticias, que inundan la mente de los niños con asesinatos, accidentes y terremotos, que evidentemente existen, pero que constituyen una porción de la realidad. En tanto, la parte positiva de la realidad aparece invisibilizada, como por ejemplo, el afecto de los que quieren y se preocupan de los niños, el espectáculo que cada día nos regala la naturaleza al salir el sol, o la belleza de una noche estrellada.

Centrarse en lo positivo es un antídoto para la ansiedad, porque acostumbra al niño o al adolescente a focalizarse en los aspectos positivos de su entorno, y en sus fortalezas.

A veces, el poner expectativas demasiado altas, que el niño no se siente capaz de cumplir también, lo condena a vivir con trastornos de ansiedad.

Una mujer brillante contaba que en su familia casi todos eran abogados y que ella era más bien una niña tímida y con gran talento para las matemáticas, pero que le costaba hablar. Sin embargo, ella no se atrevió a defraudar las expectativas familiares y siguió el mandato familiar de estudiar derecho. Le fue bien, pero cada vez que tenía que alegar en un juicio tenía ataques de ansiedad. Parece un costo muy alto vivir con altos niveles de ansiedad para cumplir las demandas familiares. El respetar los talentos de los hijos y no abrumarlos con exigencias que signifiquen una presión excesiva es un factor para disminuir el estrés.

Sin duda cuesta cambiar el switch de la presión, por la invitación a hacer las cosas mejores y a tener espacios libres de tensión. No quiere decir que a veces no haya que apurarse y hacer algo bajo un cierto nivel de presión, pero es pésimo para la salud vivir bajo alto nivel de ansiedad.

Se ha distinguido el estrés —que es un margen de tensión, que siempre implica una tarea nueva—del distrés, en que la ansiedad viene porque las exigencias sobrepasan los recursos con que se cuenta para enfrentarlas.

Una buena descripción de la mezcla que es necesario tener, para favorecer el aprendizaje, la entrega una de las protagonistas de la novela “Aires difíciles”, de Almudena Grandes, en el párrafo que se transcribe a continuación. “Había observado la cuidadosa mezcla de disciplina e indulgencia con que Juan le trataba, exigiéndole con firmeza si era necesario, que hiciera las cosas que sabía hacer, mientras le perdonaba al mismo tiempo y sin esfuerzo los errores que pudiera cometer al emprender tareas que estaban por encima de sus capacidades”.

Recuerde que es importante infundir tranquilidad y confianza en las propias capacidades para favorecer el aprendizaje. Someter a los niños a presiones excesivas podría conducirlos a niveles de ansiedad crónica que resultan una mochila muy pesada de llevar en cualquier fase del ciclo de vida.

martes, 20 de enero de 2009

Hasta las Mamás Merecen Descanso

Por Neva Milicic, sicóloga.

Cuando las autoras Susan Callahan, Anne Nolen y Katrin Schumann, escribieron el libro que lleva el título que tomé prestado para esta columna, buscaban ayudar a las madres, a cambiar su actitud mental y la rutina cotidiana, a través de un viaje hacia sí mismas que les permitiera cuidarse.

Uno de los elementos claves para las autoras para tener una maternidad positiva, es no perder la conciencia de sí misma. Relatan la experiencia de una de ellas que un día que se sentía tan agobiada por las demandas domésticas se puso a llorar amargamente, después de lo cual decidió hacer tres listas para superar la crisis que estaba pasando.

La primera lista es la de “los no quiero”, que tiene que ver con los límites que es necesario ponerse para no sentirse sobrepasada. Por ejemplo: No voy a trabajar después de las diez de la noche. No voy a aceptar que me endosen trabajos que no me correspondan.

La segunda es la lista llamada “Necesito”. En esta lista —que a mi juicio es esencial— hay una conexión con las necesidades, que son indispensables para conservar un adecuado nivel de salud mental.

Conversando con una madre de familia numerosa. Ella que era sin duda una madre excepcional, me contaba que hizo la siguiente lista: “Yo necesito para conservar una actitud equilibrada y positiva hacia mi familia”:

- Dormir al menos siete horas.

- Que mi familia especialmente mi marido reconozca y valore mi trabajo.

- Tener una tarde para tomar un café con una amigo/a.

- Que mi marido me ayude en forma sistemática, y

- Tener un poco de tiempo para mí.

La tercera lista que las autoras llaman “¡Hazlo tan pronto como sea posible!”, se refiere a esas cosas que figuran entre los pendientes, que se van postergando indefinidamente y que pesan en la conciencia, más que el hacerlo de inmediato.

Esta misma mamá hizo una lista que incluía llevar a sus dos hijas al vacunatorio, inscribirse en un gimnasio, ordenar los clóset y partir a comprarse dos tenidas, porque ella las necesitaba para sentir que se quería un poco. Cuando realizó estos pendientes, relataba sentir una enorme sensación, de liberación, ya que reconocía que el postergarlos le producía preocupación y un cansancio enorme. Cada vez que ponía un ticket a algo hecho, le producía según ella una alegría casi infantil y un gran alivio.

Las autoras plantean que “vale ser un poco egoísta” y tratarse a sí misma con mayor compasión y amabilidad, ya que ello permitirá recuperar el equilibrio emocional, el autocontrol y así podrá ser más paciente con los que están alrededor.

Una madre que no se trata bien a sí misma, con dificultad tratará bien a sus hijos. Es posible que cumpla con las rutinas, pero sus hijos no encontrarán en ella la alegría y la ternura que necesitan para crecer sanos emocionalmente.

Uno de los temas centrales es el dedicar tiempo al cuidado personal. Si las madres que tienen que dedicar tanta de su energía a cuidar de otros, no se cuidan, es normal que a menudo tengan una sensación de fatiga, malestar y tristeza. Por lo tanto en la lista de prioridades cuidarse es esencial, ya que por buena que sea la salud, si no hay espacio para el autocuidado, el riesgo de enfermarse es enorme.

A veces para lograr el tiempo y el espacio para cuidar de la salud y de la belleza, es necesario pedir apoyo a familiares, contratar —si ello es posible— una ayuda suplementaria y si no ver cómo delegar algunas funciones.

Hay que aprender a escuchar al cuerpo, porque él registra las tensiones. Es necesario aprender a escuchar la voz interior que va señalando cuáles son las necesidades de descanso, y buscar caminos para lograr disminuir la sobrecarga que, muchas veces, supone la educación de los hijos. Recuerde que hasta las mamás merecen descansar.

martes, 13 de enero de 2009

El Riesgo de la Retroalimentación Negativa

Por Neva Milicic, sicóloga.

La semana pasada nos habíamos referido a la utilidad de entregar retroalimentación positiva para favorecer que el niño o la niña tengan un buen autoconcepto. Los efectos del reconocimiento, de lo que el niño hace bien, es muy poderoso para la programación personal. Es decir, es necesario expresar con fuerza a través de gestos, palabras y acciones, aquello que se encuentra positivo en lo que el niño hace o es. Esto constituye la esencia de una parentalidad nutritiva.

Hay países en que uno de los objetivos educacionales más importantes es enseñar a los niños a tener una mirada positiva hacia la realidad y hacia sí mismo.

El opuesto a la retroalimentación positiva es la retroalimentación negativa. Si ella es usada con frecuencia y con intensidad alta, como suele ocurrir, sus efectos son devastadores para la construcción de la imagen personal y la autoestima de los niños. También hay efectos muy dañinos para la relación interpersonal con la persona que critica.

Un exceso de crítica acerca de lo que hace, dice o es un niño constituye una forma de maltrato, que humilla al niño y lo hace tener sentimientos de inferioridad que pueden acompañarlo incluso en la vida adulta. La mayoría de las veces que los adultos critican, no lo hacen con una intención de dañar al niño, sino que de “educarlos”. Quizás porque de alguna manera no se percibe cuán acostumbrados estamos a la cultura del No.

“No haga eso”, “No deje los libros botados”, “No sea apurón”, “No pelee tanto”.

Es más productivo y facilita el aprendizaje de los niños, transmitir ese mismo mensaje en positivo. Es decir, transformar la retroalimentación negativa en una guía positiva. En los ejemplos anteriores, es mejor decir, guarde los libros, vaya más lento, cuide a los amigos.

Las críticas —por bien intencionadas que sean— dañan la imagen personal y de alguna manera arruinan el día de un niño, además de ingresar en su imagen personal datos negativos acerca de sí mismos. Si usted se pone en los zapatos de los niños por un momento, eso le permitirá entender que una retroalimentación negativa puede herir su sensibilidad.

Aquellas personas que acostumbran a andar “diciendo verdades” —es decir, se sobrefocalizan en lo negativo e invisibilizan lo positivo— resultan muy tóxicas para la relación y muy dañina para el autoconcepto de las personas que viven con ella. Especialmente los hijos resultan muy dañados, ya que sus padres son las personas más significativas y los mensajes que les entregan, tiene un alto valor de programación personal. Si una mamá le dice a un niño cuando se equivoca que es un inútil, terminará convenciéndole que en realidad lo es. Si, por el contrario, le baja el perfil y lo ayuda a empezar de nuevo, el error será una oportunidad de aprender.

Haga una lista de los mensajes negativos que suele decir a sus hijos y transfórmelos en guías positivas de comportamiento.

Por ejemplo: “El hasta cuándo llegas tarde” transfórmelo en “Hagamos un trato para que puedas llegar puntual”. Los mensajes en positivo son más efectivos y no comprometen la relación.

Quién entrega guías positivas, le enseña a sus hijos por modelo a ser positivo y a no sembrar mensajes ácidos. Recuerde que educar es enseñar y no corregir. Si necesita imperiosamente dar alguna retroalimentación negativa, tenga la precaución de hacerlo cuando esté en buenas condiciones emocionales y elija con cuidado las palabras apropiadas. Así evitará los efectos negativos de una comunicación destructiva.

martes, 6 de enero de 2009

El Valor de la Retroalimentación Positiva

Por Neva Milicic, sicóloga.

Al recibir un comentario positivo acerca de sí mismo, de una persona con la que tiene vínculos positivos, el niño o el adolescente, ciertamente experimenta una sensación de bienestar emocional que es siempre gratificante. Pero, sobre todo, se siente confirmado en los aspectos positivos de su personalidad y eso es favorable para su desarrollo emocional.

Pocas cosas se mantienen con más fuerza en la memoria emocional que el recuerdo de recibir una opinión positiva acerca de sí mismo, que se percibe como verdadera y cargada de emoción. Al recibirla ingresa en el sistema emocional del niño un mensaje poderoso acerca de sí mismo que tendrá un gran valor de programación personal.

No es sólo lo que se dice, sino cómo se dice lo que explica la eficacia de los mensajes positivos. Para que el registro sea positivo es importante cuidar la forma y la intensidad, si lo que se busca es lograr un enriquecimiento de la imagen personal.

Una adolescente, Isidora, que era bien aplicada, contaba entre sus lindos recuerdos que cuando era muy pequeña su abuelita le había dicho: “Me encanta tu interés y tu capacidad para aprender”. Ella comentaba: “Aunque yo no sabía muy bien qué significaba esa opinión de la abuela, se me quedó grabada en mi memoria como que era algo muy bueno. Entendí que era una característica mía de la que podía estar orgullosa. Además, ella solía llevarme libros y revistas de regalo y comentaba con sus amigas lo buena lectora que era yo, porque me interesaban los libros. Cuando ella hacía estos comentarios, yo me sentía muy bien conmigo misma”.

Ciertamente la relación de Isidora con esta abuela era muy especial, porque ella se sentía muy valorada intelectualmente por ella. Y como las relaciones son recíprocas, en la medida que ella se sentía reconocida y visibilizada por su abuela en sus características positivas, estableció con ella una relación de cercanía y afecto que ha perdurado en el tiempo.

Por supuesto, hay que dar retroalimentación en forma verdadera. Es decir, cuando el comportamiento del niño corresponde con lo que se le dice. Por ejemplo, decirle que es esforzado y trabajador, cuando efectivamente se está esforzando por terminar un dibujo o en hacer algún ejercicio. Si se le dice cuando no está en esa actitud, el niño puede percibir el mensaje como una ironía.

Cuando uno quiere sembrar un concepto, por ejemplo, de que el niño o niña son esforzados, es posible desafiarlos a realizar una tarea no muy difícil, que sea de su interés y que sea entretenida para el niño, de manera que se motive a desplegar esfuerzos. En este contexto se le podrá dar la retroalimentación que el niño necesita para progresar en el área del esfuerzo.

No eche a perder su trabajo con comentarios que anulan el efecto de la retroalimentación positiva, por ejemplo diciendo: “Claro, como te gusta le pones empeño” o “así podría ser siempre y te iría mejor”. Estos comentarios agregados —que son muy característicos de la “Cultura Parental”— echan a perder, el trabajo realizado.

Si los padres aprenden a frenar y a simplemente reconocer las características positivas o las virtudes de los niños, no habrá respuestas que echen a perder la imagen personal de los niños y también lograrán mejorar los vínculos con sus hijos. Recuerde que una gota de miel es siempre mejor que un tonel de miel.