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martes, 24 de julio de 2012

Opinión: Enseñar a los Niños a Defenderse del Abuso Sexual

Conversar francamente con ellos es clave.

Por Neva Milicic, psicóloga.

El abuso es de una alta tasa de ocurrencia. Las estadísticas informan que uno de cada diez niños ha sido víctima. Para protegerlos, es necesario estar alerta y educarlos, ya que cuando ellos están suficientemente informados, se pueden proteger mejor.

Cuando un niño puede decir "no me gusta que me toquen mis partes privadas", es porque ha conversado del tema con los adultos que lo tienen a su cuidado. Está más protegido que un niño al que no se le ha hablado sobre sexualidad.

La mayoría de las veces, el abuso es un proceso que es preparado cuidadosamente por el abusador, quien busca ganarse la confianza y el cariño del niño, a través de regalos, golosinas y juegos.

Es la puesta en marcha de un proceso de seducción fríamente calculado.

Cuando el abusador ha logrado seducir al niño, comienza la etapa de comportamientos sexuales propiamente dichos.

Mientras esto sucede, el abusador exige de diferentes maneras al niño que mantenga el secreto con diversas estrategias; las más frecuentes son las amenazas y la búsqueda de complicidad.

Es necesario alertar a los hijos sobre las personas que los inducen a tener secretos, con advertencias como: "Hay algunas personas que les gusta engañar a los niños y que los invitan a hacer cosas con sus partes privadas, diciéndoles que hay que guardar el secreto. No debes hacerle caso y tienes que contarme en forma inmediata, aunque él te amenace, yo sabré protegerte. No hagas caso de sus amenazas".

Si la familia y el colegio dan educación sexual y advierten al niño que sus partes privadas no pueden ser tocadas sin su consentimiento, habrán dado un paso importante hacia la protección frente al abuso sexual.

Cuando hay cercanía afectiva y los niños tienen espacio para conversar, estarán más protegidos de los abusadores.

Habitualmente, cuando los niños están siendo víctimas de abuso, tienen cambios importantes de conducta con señales que deben ser atendidas, como llanto frecuente, alteraciones del sueño, miedos que antes no tenían y, con frecuencia, están erotizados presentando conductas masturbadoras o agrediendo sexualmente a otros niños.

Conversar francamente con los hijos sobre sexualidad y sobre el derecho que tienen sobre su cuerpo, enfatizando que si alguien los molesta o quiere tocarlos de una manera que no les gusta, tienen que contarles de inmediato a los padres, haciendo caso omiso de las amenazas, todo lo cual constituye un mecanismo protector indispensable y eficaz.

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