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martes, 8 de mayo de 2012

Opinión: El Amor Maternal

Por Neva Milicic, psicóloga

Nadie discute que el amor es la más alta expresión del espíritu humano, y posiblemente el amor maternal sea el más desinteresado y capaz de lograr desarrollar en sus hijos su máximo potencial, porque, sin duda, el amor da la energía para alcanzar aquello que con otros medios no se puede lograr.

Cuando una madre con un niño con parálisis cerebral se empeña en que su hijo pueda aprender a comunicarse, cuando persiste en lograr que sea incluido en un colegio normal, aunque muchas puertas se le cierren, estamos ante un amor que nos inspira respeto, admiración y reverencia, pero posiblemente ella lo viva como el comportamiento más natural del mundo.

Las buenas madres o las madres suficientemente buenas -la madre perfecta no existe- transmiten a sus hijos una actitud esperanzada y una sensación de seguridad en sus competencias personales, que los fortalece al momento de enfrentar desafíos.

Las madres -por muchas que sean sus ocupaciones- hacen sentir a sus hijos que tienen prioridad uno, y así se lo hacen saber con sus gestos de cuidado cotidiano, con sus palabras de aliento a perseverar cuando las cosas se ponen difíciles, y dándoles la motivación necesaria para mantenerse en el esfuerzo que necesitan realizar cotidianamente para ir superando etapas.

El acompañamiento a los hijos es una muestra del amor maternal; es estar disponible cuando los hijos necesitan de su presencia, por trivial que parezca la situación.

Asistir a un evento deportivo, ir a comprar el disfraz, escucharlos cuando están en conflicto o acompañarlos cuando están asustados son formas de estar presente y de estar junto a ellos.

En la compañía que las madres ofrecen, a veces basta el silencio, en otras situaciones es increíble el efecto y la influencia que unas palabras dichas, en forma adecuada y en el momento oportuno, pueden tener en un niño.

Y las madres tienen la empatía para saber lo que necesitan escuchar para sentirse reconfortados a seguir adelante.

Las muestras de afecto de su madre son tan necesarias para el bienestar emocional del niño o la niña como el agua para la vida.

Las palabras, los abrazos, los besos, el regaloneo, favorecerán en el niño un apego seguro, creencias positivas acerca de sí mismo y actitudes positivas frente al entorno.

No hay que permitir que las demandas cotidianas impidan la expresión de emociones positivas.

El verdadero amor induce a hacer lo que es más beneficioso para los niños, aunque esto sea difícil y aunque los hijos, a veces, no lo entiendan. Poner límites en forma serena hace parte de una maternidad nutritiva.

Quien ha sido querido en forma incondicional y, por lo tanto, bien tratado, seguramente será una buena persona, ya que el amor es una fuerza poderosa para mantenerse en el camino recto y buscar en la medida de lo posible su felicidad. Feliz día de las madres.

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