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martes, 17 de abril de 2012

Opinión: Las Diferencias Generacionales

Por Neva Milicic, psicóloga.

Las diferencias de intereses, gustos, estéticas y valores que hay entre las personas de diferentes generaciones son una realidad innegable, y representan un valor que permite la diferenciación y abre paso a nuevas ideas.

En ellas reside la posibilidad de cambios que cada generación aporta a su cultura. Cuando esta dialéctica entra en la familia, las disputas pueden ser enormes y dañar la relación, si las tensiones no se resuelven con sabiduría.

Es en la adolescencia donde esta brecha generacional se da con mayor intensidad.

El hecho que se hayan adelantado las primeras señales de que un niño o una niña se está transformando gradualmente en un adolescente, sorprende y atemoriza a muchos padres, y los encuentra poco preparados para un diálogo diferente con los hijos.

Hay una clara necesidad de ser autoridad para ellos, pero se corre el riesgo de caer en comportamientos autoritarios, lo que genera distancia y rebeldía en una etapa en que la metamorfosis que está sufriendo el adolescente lo lleva a sentirse solo y a percibir rechazo.

Eso hará más difícil el proceso y aumentará la tendencia al retraimiento, cuando es más necesaria la contención emocional.

El conflicto intergeneracional ha existido siempre, pero las formas de resolverlo en cada grupo familiar son diferentes.

Hay familias con mayor tolerancia a la diversidad y permiso para la divergencia, en tanto que hay otras con un enfoque autoritario, lo que termina por generar brechas que comprometen las relaciones afectivas.

En su libro "Cartas a un adolescente", el escritor italiano Vittorino Andreoli sostiene: "Soy un viejo convencido de que no es aceptable el mutismo entre generaciones. Que quiere decir entre padres e hijos dentro de la misma casa, mientras estamos uno al lado del otro. Es mejor hablar que estar mudos. En el mutismo los rencores y odios llevan las de ganar. Precisamente por eso, porque me opongo al dolor de la incomunicación, he decidido escribirte".

Continúa más adelante: "Dos generaciones no pueden compartir los mismos esquemas existenciales o los gustos impuestos por las modas de los tiempos, pero la discrepancia no puede de ningún modo alterar el vínculo amoroso entre un padre y un hijo".

Que en esta generación la adolescencia se presenta en forma más temprana, y que es más larga y termina más tardíamente, es un hecho indiscutible. Ello complica la metamorfosis del adolescente.

Sólo puede ayudarnos a salir fortalecidos la presencia de un diálogo amoroso, en que hayan numerosos espacios fuera del área de conflicto.

También propiciar encuentros que favorezcan los vínculos nutritivos con los hijos, en que se validen los intereses y las diferencias de cada uno, y que permitan una convivencia en que las diferencias no conduzcan a enfrentamientos que distancien, sino que generen espacios de conversación en que los conflictos se resuelvan de manera respetuosa.