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martes, 16 de agosto de 2011

Opinión: Vivir con un Niño con un Trastorno del Desarrollo

Por Neva Milicic, sicóloga

Un trastorno del desarrollo es una alteración o disfunción importante en el funcionamiento intelectual general y de la conducta en la infancia.

En los niños portadores de estos trastornos, se puede observar que desde muy pequeños presentan dificultades en sus capacidades cognitivas y/o de vinculación, por lo que requieren de tratamientos médicos y de compensación educativa, por ello se describen como niños con necesidades educativas especiales.

El pronóstico y la calidad de vida de estos niños dependerá no sólo de la preocupación y el cuidado de sus padres, sino también de la actitud inclusiva o negligente de la familia extensa y de la sociedad en su conjunto.

Al leer el libro "Mi hijo no habla" de Miguel Higuera, que es un fonoaudiólogo, especializado en niños con trastornos del desarrollo y de lenguaje, y quien además es padre de dos niños, uno de los cuales tiene un trastorno de desarrollo del espectro autista, nos ayuda a comprender la necesidad de acompañar a los niños y sus familias en el proceso de aceptar las dificultades del trastorno.

El término Trastornos del Desarrollo incluye diferentes categorías de diagnóstico, pero todos ellos son niños con dificultades graves y para los cuales no parecen haberse encontrado aún tratamientos ni estrategias educativas que logren mejorías significativas de sus comportamientos ni en la compensación de sus déficits cognitivos, los cuales dificultan la convivencia familiar y escolar.

La educación de estos niños es difícil y el autor describe así el propósito de su libro: "Mi propósito es acompañar a las familias en este desafío, a veces triste y difícil, a veces estimulante y hermoso de convivir con seres humanos que ven el mundo de una forma distinta. Aprender a convivir con ellos es aprender a mirar con sus ojos y enseñarles a moverse en nuestro complejo mundo".

Estos niños tienen sistemas que resultan menos eficientes para expresar su intencionalidad y por lo mismo también les es difícil entender cuáles son las intenciones ajenas, y, por supuesto, les resulta más complejo cuando la explicación que se les entrega es muy complicada o es hecha en forma rápida.

Ellos prestan poca atención, lo que hace difícil la comunicación, pero no imposible. Se hace necesario buscar caminos para atraer la atención hacia los requerimientos de los adultos.

Muchas veces, junto con las dificultades de lenguaje, presentan problemas de conducta.

Las características de estos trastornos requieren que los adultos que participan en la educación de estos niños, se adecuen a sus capacidades de procesar información y de aprender.

Es necesario comunicarse de manera simple y afectuosa, así se estimulará el interés del niño por vincularse y realizar acciones conjuntas.

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