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martes, 28 de junio de 2011

Opinión: La Psicología del Rumor

Por Neva Milicic, psicóloga

Estar atentos a verificar la información que nos llega, para no cometer injusticias o errores derivados de información falsa, que después tenemos que lamentar y que son difíciles de arreglar, es una virtud que es necesario tener y sembrar en nuestros niños.

La mente es muy vulnerable y tiende a procesar y a dar por cierta información que, en muchas ocasiones, es exagerada o inexacta y que puede ser muy dañina.

En un magistral discurso que se titula “Cómo Comencé a Escribir”, pronunciado en Caracas en el año 1970, Gabriel García Márquez.

Contó: “Una mañana, una señora al servir el desayuno le dice a su familia que está muy preocupada porque tiene el presentimiento de que algo malo va a suceder en el pueblo. Uno de los hijos, a pesar de haberse reído de ella por su premonición, no logra posteriormente concentrarse en un juego de billar y lo pierde. Cuando sus amigos le preguntan cómo puede haber perdido una jugada tan fácil, les responde que está distraído porque está preocupado, por un mal presentimiento que tuvo su mamá. Sus amigos se ríen, pero van a sus casas y se lo cuentan a sus madres, quienes empiezan a prepararse para una calamidad y que comienzan a comprar carne. El rumor se extiende como un reguero de pólvora y finalmente todos abandonan el pueblo y la señora dice: Yo dije, que algo muy grave iba a pasar”.

Esta historia que aparece en el último libro del Premio Nobel “Yo no Vengo a Decir un Discurso”, da cuenta de un fenómeno corriente, que es la sugestión.

Hay formas en que se transmite información, que a pesar de que muchas veces no tienen mayores fundamentos, logra que se la acepte como un hecho cierto.

Ayudar a los niños a pasar la información por el filtro de los datos es una buena estrategia educativa. La actitud más sabia es “voy a confirmar esta información para estar seguro(a), antes de actuar o de tomar una decisión”.

Los niños también a veces nos entregan información que está sesgada o distorcionada, especialmente en situaciones conflictivas.

Por ejemplo, una mamá fue a reclamar al colegio porque su hijo le había contado que a todos los compañeros de curso les había ido mal en un una importante prueba y también a él.

La señora fue enojada a increpar al profesor. Pero pasó un gran mal rato cuando supo que, en realidad, si bien varios niños habían obtenido una nota insuficiente, también había notas muy buenas.

En relación con los niños, antes de hacer acusaciones o inferencias que pueden ser equivocadas, es mejor conectarse con ellos preguntándoles: ¿cupenteme qué pasó? La reflexión y el recabar información son fundamentales, porque nos ayudan a actuar en forma más acertada, justa y ponderada.

No se trata de no creer en las informaciones que nos entregan, pero sí de pasarlas por el filtro de la reflexión y la confirmación.

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