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martes, 29 de marzo de 2011

Opinión: Abrir los Temas

Por Neva Milicic, psicóloga.

El filme "El discurso del rey" describe la ascensión al trono de Jorge VI, padre de la actual reina de Inglaterra, y de cómo su educación pesó en el desarrollo de su personalidad.

La película ha sido catalogada para todo espectador y es muy recomendable que sea vista con la familia, muy especialmente para quienes tienen hijos adolescentes.

El rey, que tenía una tartamudez muy resistente a los tratamientos -como suele serlo-, busca ayuda para superarla en una terapia del lenguaje, descrita como "alternativa".

En la relación con su terapeuta, se van descubriendo los traumas infantiles y las marcas dejaron en su desarrollo.

Es necesario reflexionar acerca de si un príncipe es víctima de maltrato infantil por parte de una niñera, cuántos niños lo serán (por ello es imperioso escuchar las voces infantiles para estar atentos a las señales que nos entregan de su percepción de cómo son tratados por los demás).

En el desarrollo de la trama, queda ilustrada la enorme presión ejercida por el padre hacia sus hijos y los miedos de no poder cumplir con las expectativas de un padre, más temido que amado.

Para los padres, la película debe ser una lección acerca de la importancia de los recuerdos en la primera infancia, de las cicatrices que dejan las carencias afectivas y de los errores cometidos, especialmente cuando son recurrentes.

Para los niños, la película puede ser un ejemplo de cómo enfrentar la adversidad y poner todos los esfuerzos posibles en superar los obstáculos, a través de un entrenamiento largo, tedioso y difícil que enfrenta el rey, muchas veces con resultados escasos.

En el histórico y magistral discurso que pronuncia el rey al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, que resulta impecable o casi impecable, desde el fondo y desde la forma, destaca la compañía del terapista de lenguaje, quien, como tutor de resiliencia, lo acompaña, lo fortalece, lo incentiva y lo guía hasta el final.

El vínculo entre terapeuta y rey, la compañía y el aliento para seguir adelante son un ingrediente esencial en la superación de las dificultades, siendo siempre necesario aprender a acompañar a quien lo necesita.

Ello no quiere decir solo compadecer, sino que además, crear esperanzas y también exigir, porque se confía en las capacidades de la persona para salir adelante.

Pero también es necesario aprender a buscar la compañía que se requiere para salir adelante cuando se está en dificultades.

El saber activar las redes y dejarse ayudar para recibir apoyo es un aprendizaje muy significativo.

Poder abrir los temas en un contexto de intimidad es de un gran valor terapéutico en la relación padre-hijo.

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