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martes, 8 de junio de 2010

Opinión: Los Libros y el Aprendizaje

Por Neva Milicic, psicóloga.

Existe un tipo de literatura que está orientada a promover el desarrollo emocional para niños.

En ella se busca entregar a los lectores un lenguaje emocional ligado a las situaciones vividas, que les permitirá elaborar lo que sienten, verbalizarlo y, al poder comunicarse en forma más precisa, entrar en una conexión de mayor profundidad consigo mismos y con los otros, sean adultos o niños.

Un ejemplo de un texto que puede ayudar a los niños a enfrentar una situación crítica es el excelente libro sobre el terremoto del 27 de febrero "Cuando la tierra se movió", de Josefina Martínez, Elena Sepúlveda y Rossana Culaciati.

En este libro, financiado por el Consejo Minero, y que cuenta con el patrocinio del Centro de Buen Trato de la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se busca que los niños puedan ir construyendo su propia narrativa acerca de la difícil experiencia vivida.

Si bien la mayoría de los libros infantiles amplían los horizontes y las vivencias de los niños y las niñas, ya que describen emociones vinculadas a las situaciones vividas por los protagonistas, no todos los libros tienen el contenido y el tono emocional adecuado, inclusive en ocasiones pueden ser nocivos para los niños.

Por ejemplo, la historia de Hansel y Gretel es un relato claramente provocador de ansiedades en los niños que genera temor a ser abandonados.

Elegir bien los libros que vamos a entregar a nuestros hijos requiere de tiempo y dedicación.

No es suficiente que tengan una estética atractiva, sino que es necesario que el contenido favorezca su crecimiento emocional, o al menos no sea dañino.

Buscar un libro adecuado en un paseo conjunto a una biblioteca o a una librería puede ayudar a hacer una conexión entre los intereses del niño y lo que sus padres consideran beneficioso para su nivel de lectura y necesidades afectivas.

Los libros interactivos, como los álbumes para completar, o "Cuando la tierra se movió", son ejemplos que permiten al niño una elaboración activa de la información.

Los libros ayudan también a normalizar experiencias difíciles, por ejemplo, entender que los miedos son normales, como en el caso de "El lobo rojo" o "Cuando estoy estresado", de Michaelene Mundy.

Contar cuentos con contenido emocional o entregarlos al niño es un ingrediente de la mayor importancia en el logro de una buena alfabetización emocional, especialmente si esta lectura es compartida.

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