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domingo, 13 de junio de 2010

Actualidad: Hijos de "Padres Helicóptero", Sin Autonomía de Vuelo

La primera generación de hijos criados por padres sobreprotectores están entrando al mundo adulto y los efectos de este estilo de crianza comienzan a ser visibles y estudiados: se sienten más apoyados, pero son ansiosos y dependientes. Muchos no se sienten adultos de verdad.

Por Ricardo Acevedo Zalaquett, La Tercera.

Comenzaron a ser visibles hace algunos años, cuando su presencia se hizo notar en colegios, jardines infantiles y hasta en universidades.

Mamás que llegaban a pedir a profesores o tías que no dejasen correr a sus hijos por los pasillos, les enviaban gel sanitizante para que se limpiasen las manos en todo momento o los iban a dejar a la sala para ponerles delantal y ordenarles el banco.

Luego buscaban cualquier excusa para aparecer a media mañana y chequear que todo estuviese bien, para a la hora de salida, aparecer con un cuaderno y anotar -de puño y letra- las tareas de sus hijos.

Conocidos como padres helicóptero, por la inefable costumbre de estar siempre "sobrevolando" a sus niños, hoy parte de esa generación de hijos se incorpora al mundo adulto y, por primera vez, los efectos de este estilo de crianza sobreprotectora comienzan a ser visibles y están siendo estudiados.

Aunque llegan a ser adultos que muestran haber sentido mucho apoyo durante toda su vida, exhiben menos apertura a nuevas ideas, mayor ansiedad y un alto nivel de dependencia para desenvolverse.

Como si hubiesen vivido en una burbuja la mayor parte de su existencia.

El profesor de la Escuela de Sicología de Universidad Keene State, Neil Montgomery, lleva algunos años analizando este fenómeno y sus consecuencias sobre los jóvenes.

La semana pasada, en la Convención de la Asociación de Ciencias Sicológicas de EE.UU. que se realiza en Boston, presentó resultados preliminares de las investigaciones.

Un total de 300 estudiantes de primer año fue encuestado por el experto, con preguntas del tipo "mis padres se han contactado con representantes de la universidad para resolver problemas por mí" o "han pasado la noche cerca del campus para asegurarse que me adapto bien".

LOS HIJOS "HELICÓPTERO"

De acuerdo con este estudio, en ese país el 10% de los estudiantes son hijos de padres helicóptero, quienes según Montgomery, se caracterizan por estar "constantemente monitoreando las actividades y la ubicación de sus hijos".

Según explicó a La Tercera, no sólo intentan resolver todos los conflictos de sus hijos, sino que "hacen cosas por ellos, siendo ya adultos, que uno normalmente esperaría hagan por sí mismos: desde lavar su ropa hasta llenar formularios de admisión", asegura.

El resultado es una impronta que deja profundos ecos en la personalidad de estos jóvenes adultos.

Si bien se reconoce que crecen sintiéndose muy apoyados por su entorno más directo, lo que puede generar efectos positivos para su personalidad en el corto plazo, como el sentirse amados y protegidos contra toda amenaza, a medida que crecen sus personalidades comienzan a exhibir una serie de rasgos negativos, que por primera vez describe el estudio estadounidense y cuyos resultados fueron adelantados a La Tercera.

Montgomery explica que uno de los rasgos más evidentes es la ansiedad: el hecho de ser altamente exigidos y estar siendo constantemente juzgados en su desempeño académico, los lleva a presentar una imagen más negativa de sí mismos y les genera una preocupación permanente por los resultados.

El problema, aclara el especialista, es que dicha preocupación termina siendo obsesiva y "poco sana", generando en ellos una personalidad "neurótica, ansiosa y menos abierta a nuevas ideas".

En el caso de la ansiedad, por ejemplo, existe una cierta cuota de tensión natural que todos los seres humanos deben experimentar.

Pero si en su afán protector los padres han evitado que sus hijos vivan una situación que les pueda resultar incómoda, como por ejemplo hablar en público, al llegar a ser adultos esos hijos evitarán a toda costa exponerse a dicha situación incómoda y nunca sabrán cómo controlar su ansiedad.

Junto con esto llegan a ser adultos muy dependientes, que buscan siempre la ayuda y la aprobación de otros para desenvolverse o para resolver los problemas, explica Montgomery.

"Es como si no se sintieran con derecho a hacer las cosas por sí mismos", dice el especialista.

POCO ADULTOS, AÚN

Lo cierto es que el fenómeno de los padres helicóptero no es ajeno a Chile.

De hecho, según el Estudio Juventudes Sudamericanas, realizado en 2009 por el Instituto de Estudios, Formación y Asesoría en Políticas Sociales, de Brasil, nuestro país es la nación en la cual los jóvenes más demoran en sentirse adultos.

Entre los 25 y los 29 años, sólo el 30,6% de los chilenos se considera como tal, comparado con el 40,9% de los argentinos y 52,9% de los jóvenes en Brasil.

Y aún teniendo hijos, la percepción no cambia: el 37,8% de las mujeres y el 32,1% de los hombres se consideran adultos.

Un retraso en aceptar el desarrollo propio que, según Jorge Sanhueza, decano de la Escuela de Sicología de la Universidad Adolfo Ibáñez, quien ha estudiado a fondo el fenómeno, se traduce en un mayor egocentrismo y dificultades para establecer relaciones empáticas con otros.

"Son muy autorreferentes, se sienten protegidos de la crítica y les cuesta mucho aceptar opiniones contrarias", explica.

Según una encuesta a 62 alumnos de primer año realizada por dicha casa de estudios, por ejemplo, el 79% asegura sentir que el éxito académico es demasiado importante para sus padres.

Las cifras en nuestro país parecen coincidir con las reveladas en EE.UU.

Otra encuesta realizada en el portal de La Tercera.com entre jóvenes de 17 y 25 años, señala que el 11% dice que sus padres ha acudido a la universidad para ayudarlos a resolver algún problema, en tanto el 46,1% dice que sus padres han cuestionado la calidad de sus profesores.

En última instancia, dice el sicólogo especialista en trabajo social de la U. Andrés Bello, Javier Muñoz, todos estos esfuerzos paternales terminan impidiendo a los jóvenes "experimentar las derrotas de la vida": tristeza, angustia, frustración.

Todas palabras que parecen estar fuera del léxico de los hijos de padres helicóptero mientras son niños, pero que -a medida que crecen- terminan reventando en sus propias caras, como una burbuja que no aguantó la crudeza que nadie los preparó para enfrentar.

Pese a todo el sobrevuelo, pese a las incesantes llamadas y la obsesiva protección contra el fracaso.

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