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martes, 20 de octubre de 2009

¿Adelantar o Atrasar?

Por Neva Milicic, sicóloga.

La familia de Juan Carlos consulta porque el niño cumplirá seis años el próximo mes de abril y quisiera saber si es conveniente que pase a primero básico o si sería más aconsejable esperar hasta el próximo año, ya que sería el menor del curso.

Él es un niño brillante, ya conoce algunas letras y sabe sumar, por lo que la tentación de adelantarlo es grande.

El único pero es que se trata de un niño tímido, al que le cuesta interactuar con sus compañeros. El consejo recibido después de evaluarlo fue que esperara un año, por las razones que se describen más adelante.

La decisión de adelantar o atrasar a los niños en su ingreso a primer año básico cuando están en edades límites es un tema que preocupa a los padres.

Y es razonable que así sea porque no es una decisión trivial, ya que ella puede tener importantes repercusiones en el desarrollo cognitivo y emocional de los niños, no sólo en el año siguiente, sino durante toda la escolaridad.

Adelantar el ingreso de un niño en el primer año es a veces una decisión que a lo mejor no tiene mayores repercusiones en segundo básico, pero que en la adolescencia puede significarle una marginación de sus compañeros por no tener el mismo nivel de maduración que ellos.

La opinión de los expertos en educación es casi unánime; es preferible, tanto desde el punto de vista del aprendizaje como desde el punto de vista social, ser un poco mayor que ser un poco menor.

En los primeros años, seis meses de diferencia es muchísimo desde el punto de vista madurativo.

En general, los que son un poco mayores aprenden más rápido, son mejores para los deportes y tienen mayores competencias sociales, por lo que son más populares y tienen un mayor liderazgo.

Que los niños ingresen más tarde a primer año básico no debe significar postergar el inicio de la enseñanza de la lectura, ya que como plantea el famoso investigador en lectura, Keith E. Stanovich, las diferencias de velocidad de aprendizaje que se observan en la lectura tienden a acentuarse más que a disminuir a lo largo de la escolaridad.

A los niños, por la mayor plasticidad cerebral, les resulta más fácil aprender cuando son más pequeños; de allí la tendencia de la educación actual a favorecer a través del juego y de actividades de apresto la lectura temprana en los niños.

Un pequeño que ingresa a primer año básico teniendo una lectura incipiente lleva muchísimo adelantado en su adaptación escolar.

Los beneficios de pertenecer al grupo de los un poco mayores, según algunos estudios, permanecen incluso durante la educación media y en la universitaria.

Un estudio de Baker y Cobley en Estados Unidos, en una muestra de 657 estudiantes de enseñanza media, reveló que los que eran relativamente mayores tenían mejores notas que los alumnos de menor edad.

Además, los menores necesitaban con mayor frecuencia asistencia a clases especiales para reforzar sus aprendizajes.

Ya en la década del 60, un estudio de Maria Nila, en Estados Unidos, demostró que los niños de CI alto que eran adelantados en su ingreso a la educación básica más de seis meses terminaban rindiendo como niños normales a la altura del cuarto grado.

Es bueno tomar la decisión oportunamente, porque hacerlos repetir con posterioridad para nivelarlos tiene un enorme costo para la autoestima de los niños y no necesariamente el niño se recupera académicamente.

Las primeras experiencias son muy significativas para la imagen personal, por lo que se trata de maximizar las posibilidades de éxito en lo social y en lo académico.

Por eso, el consejo que recibió la familia de Juan Carlos de postergar el ingreso a primer año básico un año —como una manera de garantizar un mejor rendimiento escolar y una mejor adecuación social— estuvo basado en la evidencia científica.

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