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martes, 28 de octubre de 2008

El Síndrome del Pensamiento Acelerado

Por Neva Milicic, sicóloga.

Muchos padres y profesores se quejan de que los niños y adolescentes no saben pensar, que saltan de un tema a otro, sin profundizar en ninguno y sin realizar un análisis crítico de la información que reciben.

Augusto Cury, describe en su libro “Padres brillantes, maestros fascinantes”, el síndrome del pensamiento acelerado, que consiste en un aumento de la velocidad de los pensamientos que tiene como efecto, una disminución de la capacidad de concentración y un aumento de la ansiedad. Este síndrome sería generado por la enorme cantidad de estímulos los que están expuestos los niños y los jóvenes.

Cury cita como ejemplo, que un niño que mira una hora de televisión, está expuesto a procesar información acerca de más de setenta personas, de las más diferentes características de personalidad.

Pensemos en una teleserie, en que hay personajes audaces, personas tímidas, niños abusados, niños agresivos, personas jóvenes y viejas, personas de diferentes clases sociales y oficios, y personas con distintas orientación sexual.

Toda esta información recibida no alcanza a ser elaborada en forma profunda, porque apenas recibido el impacto emocional de ver imágenes y antes de que pueda realizar una reflexión sobre él; otro estímulo se presenta en su mente. El autor plantea que un niño de siete años ha archivado en su memoria más información que la que tenía hace un siglo una persona de setenta.

Uno de los efectos de esta verdadera avalancha de información, es que las personas no logran tranquilizar su cerebro, y así las personas que sufren de un pensamiento acelerado, no logran gobernar ni organizar sus pensamientos, que se les vienen en tropel.
Este síndrome sería como una especie de hiperactividad mental, la que no se trataría como en los casos de niños con déficit atencional de un cuadro genético, sino que será funcional, por exceso de estímulos visuales.

Un niño que para funcionar se acostumbra a tener una enorme multitud de estímulos, termina por hacerse dependiente de ellos. Se trata de una dependencia psicológica. Cuando una información tiene menor intensidad de movimiento, de sonido, o de color, con dificultad es procesada por los niños. Muchos padres y profesores se quejan que les cuesta mucho que sus hijos les presten atención y se concentren.

Una madre me preguntaba el otro día: ¿Será mucho pedir que me preste un poco de atención cuando le hablo en un tono normal?

Los niños y adolescentes sometidos a este bombardeo de estímulos presentan otros síntomas, como irritabilidad, olvidos frecuentes, y dolores de cabeza entre otros. Los olvidos son producto de que es imposible contener esa cantidad de información en la memoria, por lo que se interfiere el recuerdo. Cury plantea que el cerebro bloquea información como una forma de gastar menos energía.

Disminuir el tiempo frente al televisor, y cambiar la niñera electrónica por la posibilidad de establecer vínculos personales, con personas que puedan enseñar a los niños el valor de la ternura, la importancia de la generosidad, la tolerancia ante las diferencias, y a ser sensibles al dolor de los otros, es una buena manera de ayudar a pensar con tranquilidad.

Además ayuda a disminuir este pensamiento acelerado, darse el tiempo para conversar y dialogar con los niños, en una atmósfera calmada, en que las informaciones y experiencias de los niños puedan ser escuchados de manera que puedan razonar, elaborar, esquematizar y organizar sus pensamientos. De esta manera se logrará que la información lo inspire, que en ocasiones lo haga pensar, por ejemplo en cómo mejorar sus relaciones personales y en cómo convertirse en una mejor persona.

Un aporte a la salud mental de los niños pasa por no alimentarlo de basura y no dejar que la memoria de su hijo se transforme, como decía Cury, en un depósito de informaciones inútiles, que se archivan en un registro automático de la memoria, del cual ni siquiera los niños están conscientes que están registrando.

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