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domingo, 13 de abril de 2008

Familia Institutana Acompaña Traslado de Restos de Monseñor Enrique Alvear

Por César Antonio Campos, periodista Asociación de Padres.

Muestras de devoción y mucho fervor por parte de miles de fieles, se vivieron en la Eucaristía en nombre del Obispo Auxiliar y ex alumno del colegio: Monseñor Enrique Alvear Urrutia, quien fue trasladado sus restos mortales desde la Basílica de Lourdes hasta la parroquia San Luis Bertrán en Pudahuel.

Este hecho forma parte de los primeros pasos en su proceso de beatificación. Quienes lo conocieron aseguran que murió con olor a santidad el 29 de abril de 1982.

Una delegación oficial del colegio, integrada por papás, mamás, alumnos y profesores de diferentes cursos, acompañaron al llamado "Obispo de los Pobres". Cerca de las 17 horas partió el bus que movilizó al grupo desde el colegio hasta la parroquia en Pudahuel.

Una multitud, procedente de diferentes comunidades cristianas, lo esperaba con pancartas, plumeros amarillos, flores y emotivos cánticos en su recuerdo.

La ceremonia fue presidida por el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, Arzobispo de Santiago, y concelebrada por los Obispos Auxiliares de Santiago, Monseñor Cristián Contreras Villarroel y Monseñor Fernando Chomalí, además del Obispo de Aysén, Monseñor Luis Infanti, y junto con numerosos Vicarios Episcopales y sacerdotes; entre los que se encontraba el padre rector José Agustín Tapia en representación del colegio.

La directora de Pastoral, María Eugenia Prieto y la presidenta de la Asociación de Padres, Pilar Mendoza, representaron a las familias institutanas.

El la homilía, el Cardenal se refirió a Monseñor: “como buen discípulo, Don Enrique fue profundizando su cercanía con los pobres. Él decía, a quien quisiera saberlo, que los pobres lo habían convertido con más fuerza al Señor. Y con esa misma entrañable energía los escuchaba, los acompañaba, los defendía y los servía con gran devoción. Él estaba convencido vitalmente que los pobres, los dolientes, los perseguidos, los afligidos son el rostro presente del Señor que nadie debe ignorar. Esto lo hizo patente en los días difíciles del país, optando nítidamente por la defensa de los derechos humanos y la promoción de una pastoral de la solidaridad”.

Una vez concluida la Eucaristía, el féretro del Obispo Enrique Alvear fue trasladado fuera del templo hacia su nueva tumba, que se bendijo y luego fue sepultado, mientras los feligreses cantaron el Salve Regina.

Patricio Marabolí, con tres hijos en el colegio, expresó que "nunca había participado en una ceremonia así, quería saber cómo era. Es muy importante estar en un momento histórico como éste, donde un ex alumno del colegio puede llegar a ser santo".

La apoderada de tercero y quinto básico y señora del director de Deportes de la Asociación Juan Manuel Mella, María Alejandra Lira, se sintió muy emocionada. "Me encantó haber podido participar en representación de los papás del colegio. Nunca había participado en una ceremonia de estas características", dijo.

Desde la Basílica de Lourdes hasta la parroquia San Luis Bertrán

La ceremonia de traslado comenzó pasadas las 16:00 horas. En un vehículo cerrado se llevaron los restos de Monseñor Alvear desde la Basílica de Lourdes hasta una estación colocada frente a la parroquia de la Ascensión en Pudahuel. Allí se dieron cita más de mil personas, muchas de ellas pertenecientes a comunidades cristianas de base de la Zona Oeste, para acompañar en procesición a quien fuera su pastor durante los años 70.

Con cantos y reflexiones sobre textos del Obispo fueron avanzando en el trayecto hacia la parroquia San Luis Beltrán, ubicada en Pudahuel, lugar donde don Enrique vivió “de allegado”, como él mismo decía.

A las 18:30, bajo un fuerte sonar de las campanas, hacía su ingreso frente a la casa donde eligió vivir sus últimos ochos años de vida. Ahí lo esperaba el Cardenal Francisco Javier Errázuriz junto al alcalde de Pudahuel, Johnny Carrasco.

La fundación que lleva su nombre consiguió la construcción de un mausoleo abierto al público en el patio principal de la parroquia, como nuevo lugar de descanso para su cuerpo. La obra costó $20 millones, y se financió con donaciones de familiares y amigos. La Presidenta Michelle Bachelet contribuyó con $7 millones.

Monseñor Enrique Alvear: "El Obispo de los Pobres"

Monseñor Enrique Alvear nació en 1916, sus estudios secundarios los realizó en una escuela rural en Cauquenes y los culminó en el Instituto de Humanidades Luis Campino en 1931. Fue ordenado sacerdote el 20 de septiembre de 1941 por el Cardenal José María Caro y consagrado Obispo en 1963.

Fue conocido como el "Obispo de los Pobres" por su incansable labor pastoral con los más necesitados.

El presbítero Fernando Tapia recuerda que Monseñor "se identificó de manera plena con Jesucristo y desde Él vivió con audacia y libertad su compromiso con los pobres, los derechos humanos, la vida de las personas. Hubo una transformación muy profunda en él desde la tranquila vida del Seminario a la agitada vida de la zona oeste de Santiago, motivada por su escucha a la gente, su fidelidad a Dios y su lectura constante y apasionada del Evangelio".

Como Obispo, formó parte de numerosos organismos de la Iglesia; entre ellos, fue secretario de la Conferencia Episcopal, miembro del Comité Permanente del Episcopado. Además, fue asesor de otros organismos laicos, como el Servicio de Paz y Justicia de Chile (Serpaj), el Instituto de Servicio de la Juventud, entre otros.

El presbítero Tapia agrega que "don Enrique se jugó para salvar a los detenidos, a los torturados y a quienes sufrieron la injusticia durante el régimen militar. Vivió en las manos de Dios y era coherente con el Evangelio que predicaba. Más que un predicador, fue un testigo excepcional de Jesucristo. Su enfermedad final la vivió con una paz extraordinaria. Se dice que los santos son los que dejan pasar la luz de Dios. Enrique Alvear dejó pasar a Jesucristo y su luz ha alumbrado por muchos años a la Iglesia de Chile".

El 29 de abril de 1982 cae en cama para no levantarse más y dirige un mensaje a la Zona Oeste: "Yo estoy sufriendo pero en la zona otros sufren más que yo (...) Asumo la misma condición de Cristo paciente, entregando su vida al Padre bajo el impulso del Espíritu Santo por la salvación y liberación evangélica de sus hermanos".


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